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Para empezar lo más importante es tener clara la imagen que queremos transmitir en cada momento y en cada lugar. Y a continuación comprobemos si esa imagen es la que transmitimos realmente. Aclaremos si la imagen que queremos transmitir en el trabajo coincide con la que queremos para nuestra vida privada. Aclarémoslo. Para sacar el mayor partido de nuestra apariencia debemos tener en cuenta unos cuantos puntos, que todos conocemos pero que no siempre ponemos en práctica. Y realmente son muy sencillos.

Tenemos que conocernos bien. Analicémonos que es lo mejor de nuestro cuerpo. Comprobemos también que es lo menos favorecedor. Y actuemos con un mínimo de sentido común: destaquemos lo bueno y procuremos que lo que menos nos guste pase desapercibido. Tenemos que sacar el mayor partido de nosotros mismos. Potenciemos lo más bello, reforcémoslo. Lo que queramos disimular hagámoslo neutro, que no destaque de modo alguno. Sólo llamamos la atención sobre nuestras mejores bazas, reforzando nuestra personalidad.

Es interesante tener una lista de lo que contiene nuestro armario, de las posibles combinaciones. Nos hace falta ropa interior, faldas, pantalones, chaquetas, vestidos, blusas, camisetas, suéteres, zapatos y bolsos. De vez en cuando en necesario revisar y depurar lo que tenemos para ir eliminando lo menos utilizado o lo difícil de utilizar. Revisemos las prendas básicas, los clásicos que aguantan temporada tras temporada. Puede ser tan fácil como hacer un inventario de cada tipo de prenda: faldas, blusas, etc. Dentro de cada grupo clasifiquemos los colores. Coordinemos unas prendas con otras. Todo por escrito para poder tachar, cambiar y conseguir finalmente un buen inventario.  Eso que podríamos llamar la espina dorsal del armario. No olvidemos clasificar también los complementos.

Existen algunas fórmulas que parece que funcionan. Por cada dos piezas de abajo (faldas y pantalones) deberíamos tener tres de la parte de arriba (blusas, etc.). Compremos de forma ordenada. Compremos en función de lo que tenemos o de las gamas de color que utilizamos preferentemente.

Y en función de todo lo anterior procuremos que nuestro armario funcione. Lo más importante no es que estemos a la última moda, siguiendo las tendencias, sino que la mayor parte de nuestre armario combine entre sí, que esté de acuerdo con nuestra personalidad y que sea adecuado para nuestro trabajo o para la vida diaria y nuestros posibles compromisos sociales.

Analizando las gamas de color, veamos que colores y tonalidades de cada color puede favorecernos especialmente. Descartemos los que veamos claramente que no nos favorecen y juguemos con las gamas que nos sienten mejor. Se recomienda elegir un par de colores básicos, preferiblemente neutros, que actualizaremos con algún complemento o prenda en el color que se lleve la temporada.

No perdamos de vista nuestra edad. Hay prendas que a partir de cierta edad no se deben usar. Existe un protocolo mínimo que nunca debemos olvidad, por respeto a nosotras mismas.