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MARTÍN VIVALDI: Ginkgo biloba, poema Imprimir E-mail

GINKGO BILOBA - (ÁRBOL MILENARIO)

Elena Martín Vivaldi

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ESCRITORES: Elena Martin Vivaldi (1907 - 1997) Imprimir E-mail

Elena Martin Vivaldi (1907 - 1997)

Esta magnífica poetisa, menos conocida de lo que la calidad de su obra merece, fue una adelantada de su época. Licenciada en Filosofía y Letras y perteneciente al cuerpo de Archivos, bibliotecas y museos, publicó once libros más celebrados fuera que dentro de españa. Aunque por edad pertenecería a la generación de 1927, realmente supuso un vínculo de unión entre dicha generación literaria y la posterior.

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J.W. GOETHE: Poema a las hojas de ginkgo Imprimir E-mail
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En 1815, Goethe envió a Marianne von Willemer un poema a unas hojas de Ginkgo, que juntos visitaron en el castillo de Heidelberg. Las hojas quedan cruzadas en la fotografía (tomada de la página web del Museo Goethe Düsseldorf).

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ARISTÓTELES. Ética a Nicómaco Imprimir E-mail

 

Libro primero

De los morales de Aristóteles, escritos a Nicomaco, su hijo, y por esta causa llamados nicomaquios

En el primer libro inquiere Aristóteles cuál es el fin de las humanas acciones, porque entendido el fin, fácil cosa es buscar los medios para lo alcanzar; y el mayor peligro que hay en las deliberaciones y consultas, es el errar el fin, pues, errado éste, no pueden ir los medios acertados. Prueba el fin de las humanas acciones ser la felicidad, y que la verdadera felicidad consiste en hacer las cosas conforme a recta razón, en que consiste la virtud. De donde toma ocasión para tratar de las virtudes.

En el primer capítulo propone la definición del bien, y muestra cómo todas las humanas acciones y elecciones van dirigidas al bien, ora que en realidad de verdad lo sea, ora que sea tenido por tal. Pone asimismo dos diferencias de fines: unos, que son acciones, como es el fin del que aprende a tañer o cantar, y otros, que son obras fuera de las acciones, como es el fin del que aprende a curar o edificar. Demuestra asimismo cómo unas cosas se apetecen y desean por sí mismas, como la salud, y otras por causa de otras, como la nave por la navegación, la navegación por las riquezas, las riquezas por la felicidad que se cree o espera hallar en las riquezas.

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Miguel de Cervantes: "El licenciado Vidriera" Imprimir E-mail

Novela del licenciado Vidriera

Miguel de Cervantes Saavedra

PASEÁNDOSE dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes, hallaron en ellas, debajo de un árbol durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador. Mandaron a un criado que le despertase; despertó y preguntáronle de adónde era y qué hacía durmiendo en aquella soledad. A lo cual el muchacho respondió que el nombre de su tierra se le había olvidado, y que iba a la ciudad de Salamanca a buscar un amo a quien servir, por sólo que le diese estudio. Preguntáronle si sabía leer; respondió que sí, y escribir también.

-Desa manera -dijo uno de los caballeros-, no es por falta de memoria habérsete olvidado el nombre de tu patria.

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Miguel de Cervantes: "El celoso extremeño" Imprimir E-mail

Novela del celoso estremeño

Miguel de Cervantes Saavedra

 

NO HA MUCHOS años que de un lugar de Estremadura salió un hidalgo, nacido de padres nobles, el cual, como un otro Pródigo, por diversas partes de España, Italia y Flandes anduvo gastando así los años como la hacienda; y, al fin de muchas peregrinaciones, muertos ya sus padres y gastado su patrimonio, vino a parar a la gran   ciudad de Sevilla, donde halló ocasión muy bastante para acabar de consumir lo poco que le quedaba. Viéndose, pues, tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen, que es el pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconduto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores (a quien llaman ciertos los peritos en el arte), añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos.

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Miguel de Cervantes: "El coloquio de los perros" Imprimir E-mail

[Novela del coloquio de los perros]

Miguel de Cervantes Saavedra

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Miguel de Cervantes: "El casamiento engañoso" Imprimir E-mail

Novela del casamiento engañoso

SALÍA del Hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, un soldado que, por servirle su espada de báculo y por la flaqueza de sus piernas y amarillez de su rostro, mostraba bien claro que, aunque no era el tiempo muy caluroso, debía de haber sudado en veinte días todo el humor que quizá granjeó en una hora. Iba haciendo pinitos y dando traspiés, como convaleciente; y, al entrar por la puerta de la ciudad, vio que hacia él venía un su amigo, a quien no había visto en más de seis meses; el cual, santiguándose como si viera alguna mala visión, llegándose a él, le dijo:

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Miguel de Cervantes: "El amante liberal" Imprimir E-mail

Novelas ejemplares - El amante liberal

Miguel de Cervantes Saavedra

-¡OH LAMENTABLES ruinas de la desdichada Nicosia, apenas enjutas de la sangre de vuestros valerosos y mal afortunados defensores! Si como carecéis de sentido, le tuviérades ahora, en esta soledad donde estamos, pudiéramos lamentar juntas nuestras desgracias, y quizá el haber hallado compañía en ellas aliviara nuestro tormento. Esta esperanza os puede haber quedado, mal derribados torreones, que otra vez, aunque no para tan justa defensa como la en que os derribaron, os podéis ver levantados. Mas yo, desdichado, ¿qué bien podré esperar en la miserable estrecheza en que me hallo, aunque vuelva al estado en que estaba antes deste en que me veo? Tal es mi desdicha, que en la libertad fui sin ventura, y en el cautiverio ni la tengo ni la espero.

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Miguel de Cervantes: La Gitanilla Imprimir E-mail

Novelas ejemplares - "La gitanilla"

Miguel de Cervantes Saavedra

PARECE que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como acidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte.

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Miguel Hernández: Nanas de la cebolla Imprimir E-mail

NANAS DE LA CEBOLLA

Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942)

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

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