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PREVENCIÓN: Hacer frente al calor Imprimir E-mail
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Parece que el calor, como todos los años, se nos está viniendo encima. Tampoco es tan raro, dadas las fechas. Por eso conviene recordar que debemos prevenir las situaciones de riesgo cuando aprieta el calor. Seamos conscientes de que las personas mayores, especialmente si tienen problemas de salud, son una población de riesgo.

En situaciones de fuerte calor es importante defenderse de las altas temperaturas rápidamente. Puede que se pregunten ¿por qué? No es difícil de entender que nuestro cuerpo tiende siempre a equilibrar la temperatura, entre el calor que se produce y el que se pierde. Y, según parece, el termostato está en el cerebro, pues envía y recibe señales de todo nuestro cuerpo afectado por las altas temperaturas. El cuerpo, cuando se ve sometido a calor excesivo se defiende con unas señales denominadas síndrome de hipertermia.

Algunas de las señales más fáciles de reconocer son los calambres en los músculos de brazos, piernas o abdomen. También se suelen hinchar los pies y tobillos, así como tener mareos repentinos (que podrían llegar al desmayo), muy especialmente si se están haciendo actividades bajo un fuerte sol. En situaciones de fuerte calor se puede producir agotamiento, que se manifiesta por síntomas como mucha sed, falta de coordinación, debilidad, sudores e incluso nauseas.

Más preocupante es la insolación o el golpe de calor, que precisan atención médica inmediata. Además de los síntomas citados anteriormente, la piel se reseca y enrojece y el pulso se trastorna (muy rápido o muy lento), no se suda a pesar del mucho calor e incluso se llega a delirar.

Los problemas de hipertermia se agudizan cuando coinciden con enfermedades de corazón, pulmón o riñones, cuando se tiene la tensión alta o cuando se están tomando ciertos medicamentos. También el peso, excesivo o demasiado bajo, es un condicionante. Es muy importante que el médico de cabecera vigile a los pacientes que se encuentren en esta situación.

La mejor forma de defendernos es tomando bastante líquido –unos ocho vasos diarios-, especialmente de agua, zumos (nunca alcohol ni cafeína), siempre y cuando el médico no haya limitado la ingesta de liquido. En tal caso, será el propio médico de familia quien aconsejará como se debe proceder. Cuando se hinchan las piernas conviene subirlas y refugiarse, a ser posible, en un lugar fresco.

Por supuesto, una ducha conn agua fresca ayuda a recuperar la temperatura a nuestro cuerpo. Y si no fuera posible, al menos refresquémonos con agua fría ayudados por un pañuelo o una esponja.

Si se vive en una casa calurosa sin aire acondicionado hay unos trucos que nos ayudan a refrescarla, tales como abrir las ventanas por la noche, procurando que haya corriente. También es útil echar las persianas y cerrar cuando de mucho el sol en ventanas y balcones. Incluso se aconseja pasar un par de horas en el centro del día, cuando haga más calor, en lugares con aire acondicionado como por ejemplo los centros de mayores, bibliotecas, centros comerciales, cine o teatro.

No olvidemos que la ropa puede ser un buen aliado para defendernos del calor. Utilizar fibras naturales como el algodón, el lino o la seda ayuda a sentirse más fresco que con las fibras sintéticas. La ropa de colores claros refleja y sol y el calor mejor que la de colores oscuros. Nuestros amigos o familiares pueden ayudarnos a elegir aquellas prendas que nos faciliten sentirnos más frescos.

Una regla de oro es no hacer ejercicio en las horas de calor y evitar demasiadas actividades. Los españoles sabemos que la siesta es un remanso de paz; al fresco si fuera posible. Y evitemos siempre las muchedumbres y los sitios muy congestionados pues podrían agobiarnos especialmente en momentos de calor. Por supuesto, evitemos traslados, paseos y viajes en las horas de más calor.