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PREVENCIÓN: el beneficio de los pensamientos positivos Imprimir E-mail
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Se empieza a hablar ahora insistentemente sobre la relación estrecha que existe entre el cerebro y el sistema inmune de los humanos, pero esta ciencia (llamada Psiconeuroinmunología, aunque también recibe nombres aun más complejos) se viene desarrollando desde la década de 1970. Tal relación parece que puede ampliar nuestras posibilidades de ser feliz.

Sin embargo, esta influencia del cerebro sobre la salud ya se intuía desde antiguo pues, desde Aristóteles hasta Bacon, se defendió la unidad del cuerpo y el alma. Pero esta ciencia tomó cuerpo en el último tercio del siglo XX. Uno de los primeros estudiosos de este campo, Ronald Glaser, definió la Psiconeuroinmunología como "un campo que estudia las interacciones entre el sistema nervioso central, el sistema endocrino y el sistema inmune; el impacto del comportamiento y el estrés en este tipo de interacciones y las implicaciones de la salud con dichas interacciones". Sería Robert Ader quien en 1974 comenzó a realizar ensayos clínicos que demostraron la influencia del cerebro sobre el sistema inmune.

A partir de aquí se comenzó a relacionar la aparición de enfermedades concretas con la situación anímica de los pacientes, remontándose hasta 18 ó 20 meses antes de que aparecieran los primeros síntomas. Incluso se llegó a sugerir que el bienestar psicológico podía ser un factor de protección frente a vulnerabilidades genéticas.

Nuestra mente es más moldeable de lo que pensamos. Nuestra mente puede determinar nuestra vida, la forma cómo nos sentimos y nuestro comportamiento. El cerebro hay que ejercitarlo para activar lo positivo que tenemos dentro, potenciando una rutina mental que determine hábitos positivos. Por ejemplo, se han publicado estudios que sugieren que la meditación puede producir activaciones cerebrales asociadas a disminución de los niveles de ansiedad y aumento en los efectos positivos del sistema autoinmune.

Entre el sistema nervioso central y varios componentes del sistema inmunológico parece que existe una comunicación mutua. Los dos ponen al organismo en contacto con el mundo exterior y funcionan para la defensa y adaptación del organismo, poseen memoria y aprenden por la experiencia.

Parece probado que en el inicio y durante el curso de enfermedades autoinmunes tienen gran influencia los factores emocionales como la tensión, la inseguridad, la timidez, la dificultad para expresar sentimientos, las carencias afectivas o el fracaso. Se ha confirmado en diversos estudios médicos el deterioro que produce el aislamiento social, especialmente detectado en cardiopatías. Se ha comparado el riesgo que supone el aislamiento social con el del tabaco. Todas estas experiencias están recogidas en la más prestigiosa literatura médica.

Hay que ‘escuchar al cuerpo’ y estar atentos a los mensajes que nos manda. El individuo se debe considerar en su conjunto mental y somático. Cuando se produce una alteración en la salud es importante que cada enfermo sea consciente de su papel protagonista en la superación de la enfermedad.

Cuidemos nuestro cuerpo pero, paralelamente, seamos conscientes de que nuestra salud mental, alegría y confianza necesitan también una cuidadosa atención.