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En nuestra sociedad cada vez se presta más atención al aspecto de las personas. Hombres y mujeres cuidan su apariencia a cualquier edad, pues en cierto modo les ayuda a afianzar la confianza en si mismos.

Sin embargo, no hay que caer en las muchas trampas que nos vamos encontrando en el camino; la belleza no es cuestión de dinero solamente. No reneguemos de nuestras arrugas ni de la posible mengua de facultades. Saquemos todo el partido posible de nuestro aspecto en cada momento; siempre es posible hacerlo.

No es imprescindible depender de carísimas cremas de belleza. Hidratémonos, cuidemos nuestra piel, pero seamos conscientes de que factores como la alimentación y el ejercicio pueden ayudarnos tanto o más. Debemos protegernos del sol, pero no olvidemos que es nuestro gran aliado para obtener vitamina D, sin la cual nuestro organismo no absorberá el calcio.

Consideremos todos los factores con mesura.

Echemos mano de la cosmética, pero recordemos que existen muchos productos naturales que juegan en nuestro favor: el aloe vera, la rosa mosqueta, la caléndula, por ejemplo. Hablaremos de ellos en otra ocasión.

En ningún momento olvidemos nuestro aseo diario. Es fundamental limpiar toda la piel de nuestro cuerpo e hidratarla, protegiéndola de los rayos solares, cuando éstos resulten agresivos, y nutrirla.

Nunca olvidemos cuidar nuestros dientes, cepillando la boca después de cada comida, cuidando nuestro aliento y visitando periódicamente al dentista para evitar males mayores.

Todas estas operaciones deben hacerse con esmero; son la base de nuestra salud y nuestra apariencia. Una cara limpia y fresca siempre ayuda a mantener una imagen atractiva. Mejoremos luego el resultado, pero siempre teniendo en cuenta que los excesos juegan en nuestra contra. Demasiado maquillaje, demasiada pintura en los ojos o en los labios arruinarán nuestro aspecto. Tengamos en cuenta nuestra edad sin caer en el ridículo de intentar adoptar apariencia de adolescentes.